Foto: El Comercio (Perú)

Cuando de reformas en pro de la formalización se habla, abundan las justificaciones para postergarlas, evitarlas o directamente no encararlas. Las más “racionales” dan cuenta del mal manejo que el Gobierno hace de los fondos públicos. Y vaya que existe una justificación para tal indignación. La incongruencia de tal afirmación sobreviene cuando nos descubrimos insertos dentro de una sociedad, por lo que la obligación de contribuir a su mantenimiento subsiste, más allá del fin que den a nuestra contribución.

El problema es aún mayor, cuando la cadena de responsabilidad ciudadana se corta al renegar de la misma sociedad que nos alberga y nos rehusamos a elegir a quienes administrarán nuestros bienes colectivos y nuestros aportes tributarios, en la falsa creencia que eso mejorará la calidad del gobierno o que redundará en un mejor nivel de vida para nosotros y para quienes menos favorecidos se encuentran.

Este artículo escrito por el politólogo Carlos Melendez explica con lucidez tal situación. Es una verdadera joya.

Nuestro Director Ejecutivo, Sebastián Acha, fue uno de los participantes invitados en la mas reciente ronda de charlas de Gramo, ocasión en la cual expuso un análisis interactivo sobre los elementos más resultantes de la economía subterránea. El exitoso evento reunió a mas de mil personas. Vean aquí el video completo del evento (en el minuto 43:50’ toma la palabra nuestro Director).

 

“La buena gestión del agua no debería verse como un fin en si mismo […] sino como un medio para varios fines, como la conservación ambiental y el desarrollo socioeconómico”, sostienen Asit K. Biswas – co-fundador del Third World Center for Water Management y fundador de International Water Resources Association and World Water Council – y Ahmet C. Bozer, Presidente de Coca-Cola International. Leelo aquí.

En el artículo, Biswas y Bozer citan cambios demográficos, gentrificación y la globalización del comercio, entre otros, como potenciales catalizadores que podrían eventualmente complicar aún más los problemas ya existentes de demanda y recursos hídricos, así como los importantes avances impulsados por grandes multinacionales como Nestlé, Coca Cola y Unilever.

Noticias como éstas son lesivas no solamente por las consecuencias negativas que genera el contrabando sino porque además, dañan las iniciativas y los esfuerzos de los ciudadanos en el intento de lucha en contra del contrabando. Este tipo de conducta por parte de nuestras autoridades – que debiera ser ejemplar – puede desmotivar las mejores intenciones de los ciudadanos, muchos de ellos ya escépticos. Bajo todo punto de vista, es inadmisible que nuestras propias autoridades estén implicadas y sean partícipes en delitos, incluyendo el delito del contrabando. Esta triste realidad refleja la mentalidad de algunas autoridades, y despierta la necesidad de concientizar no solo al pueblo, sino a los policías mismos.

La causa principal de la existencia del contrabando es la demanda que existe – y cada vez más creciente – de productos que revistan tal calidad. Entre los condicionantes éticos de la mayoría de los consumidores paraguayos, no es un tema de exclusión el origen de dichos productos. No pensamos que nuestra compra no solo no paga impuestos paraguayos sino que pagan impuestos argentinos, brasileños y hasta uruguayos o bolivianos.

Luego, escuchamos amargas quejas y comparaciones entre nuestro sistema de salud o educación calamitosos y los exitosos programas sociales, asistenciales, médicos o educativos de los países limítrofes que hacen que nuestros propios hijos e hijas crucen en balsa para llegar hasta aquellas escuelas, hospitales o centros de atención social. Todo ello luego de tomar un desayuno o un almuerzo preparado con productos que el día anterior lo compramos en una esquina o debajo del puente. Leelo aquí. Reflexionemos.