Foto: El Comercio (Perú)

Cuando de reformas en pro de la formalización se habla, abundan las justificaciones para postergarlas, evitarlas o directamente no encararlas. Las más “racionales” dan cuenta del mal manejo que el Gobierno hace de los fondos públicos. Y vaya que existe una justificación para tal indignación. La incongruencia de tal afirmación sobreviene cuando nos descubrimos insertos dentro de una sociedad, por lo que la obligación de contribuir a su mantenimiento subsiste, más allá del fin que den a nuestra contribución.

El problema es aún mayor, cuando la cadena de responsabilidad ciudadana se corta al renegar de la misma sociedad que nos alberga y nos rehusamos a elegir a quienes administrarán nuestros bienes colectivos y nuestros aportes tributarios, en la falsa creencia que eso mejorará la calidad del gobierno o que redundará en un mejor nivel de vida para nosotros y para quienes menos favorecidos se encuentran.

Este artículo escrito por el politólogo Carlos Melendez explica con lucidez tal situación. Es una verdadera joya.